Durante mucho tiempo se pensó que la filosofía había sido una invención exclusiva de los griegos. Como si de un auténtico milagro se tratase, sin padre ni madre, por así decirlo, la filosofía nace en Grecia, y sólo en Grecia, aproximadamente en el s.VII a.C. y de ahí se transmite a la cultura occidental. Esta opinión, que se ha mantenido durante mucho tiempo, no es actualmente admitida. En efecto, en otras culturas y civilizaciones, como son el caso de la civilización India, China, o Babilónica, existió un pensamiento filosófico desde muy antiguo, aunque con características muy distintas del pensamiento occidental. Las culturas egipcia y babilónica provienen del cuarto milenio a. de C. En ellas existen pensadores que reflexionan a partir de la observación de cuerpos celestes, como el Sol (objeto de adoración del hombre) o bien de la crecida del Nilo, las cosechas, … con lo que dieron lugar a ciencias como la agricultura, la astronomía, etc.
Una segunda creencia muy extendida sobre el nacimiento de la filosofía es entender su origen como un despertar a la razón en la Grecia clásica del s. VI a.C., frente a las tradiciones mitológicas, esto es, como el paso del mito al logos, de la Leyenda a la Razón, de una explicación mítica de la realidad a una explicación racional de la misma. El mito se define como un conjunto de narraciones y doctrinas tradicionales de los poetas —especialmente Homero y Hesíodo—, acerca del mundo, los hombres y los dioses. En el mito se procede a una personificación o divinización, lo que supone arbitrariedad de la voluntad divina (es decir, todo sucede según el antojo de los dioses) respecto a los fenómenos que pretende explicar. El mito apela a la fe, a la aceptación irracional de ciertas verdades. De aquí la necesidad de una crítica del mito y una elaboración de un saber por causas, de una explicación racional. La explicación racional, el logos, sólo podrá darse cuando la realidad se comprende bajo supuestos no míticos, sino como realidades con sus leyes, con su necesidad. Las cosas suceden como y cuando tiene que suceder, y no están sometidas a la voluntad de los dioses. La filosofía, pues, busca dar una explicación coherente, argumentada de las causas. Así, una explicación valdrá tanto cuanto valgan las razones en las que se apoya, cuanto valgan los argumentos y pruebas que puedan aducirse en su favor. (Mito = narración poética que pretende dar una explicación general a los problemas de la existencia y de la realidad. Se trata de narraciones fantásticas que intentan explicar el origen y la regularidad del cosmos recurriendo a fuerzas sobrehumanas, como dioses o fuerzas personificadas)
En nuestro siglo se ha puesto de relieve una continuidad entre el mito y la reflexión filosófica. No se pasa del mito al logos con una ruptura lineal, sino que el mito permanece en el logos, inspira a la reflexión filosófica y sirve de referencia constante para las especulaciones de la razón. En las relaciones entre el mito y el logos existe una enorme complejidad que no permite establecer una evolución lineal superadora sin más. Se trata, en este sentido, de ver que los mismos problemas epistemológicos, ontológicos y existenciales que subyacen a la tradición mitológica continúan de forma diferenciada en la tradición posterior. Es decir, no podemos pensar que se trató de un salto radical, que un día se acostaron explicando con narraciones y mitos extraordinarios y otro se levantaron con inquietudes filosófico-científicas. Los primeros filósofos utilizaron profusamente mitos en sus explicaciones.
¿Cuáles son las condiciones y los cambios que experimenta la civilización griega y que van a poner en crisis las explicaciones mitológicas?. En primer lugar, el intercambio comercial, que comporta intercambio de ideas y descubrimiento de otras formas de pensar y otros mitos de otras culturas, lo que relativiza los mitos propios o se pone en duda su validez. En segundo lugar, la libertad de pensamiento, ligada con las libertades democráticas y la necesidad de basar la convivencia y los valores en referentes no mitológicos que sean fruto del diálogo y del consenso. Además, es fundamental la no existencia de dogmas religiosos de creencia obligatoria ni la de un cuerpo organizado de sacerdotes. Esta situación facilita la crítica y un cierto escepticismo ante las creencias religiosas basadas en mitos. Todo ello implica que en el s. VI a.C. encontremos en Grecia unos pensadores que intentan por primera vez dar explicaciones del mundo y de la naturaleza sin hacer uso de los mitos. Estos pensadores se hicieron una serie de preguntas clave sobre el conocimiento del mundo: ¿Cuál es el origen de las cosas?, ¿cuál es la materia básica o prima de la que proceden todas las cosas?, ¿cómo se explican los cambios de la naturaleza y todos los fenómenos naturales?. Estas preguntas ya habían obtenido una respuesta desde los mitos, pero lo que ahora se busca es responder a partir de la observación de la naturaleza y la posterior reflexión racional sobre lo observado.
Las primeras explicaciones racionales de los filósofos se concentraron en problemas de física, esto es, en problemas acerca de la naturaleza. Son los llamados ‘filósofos presocráticos’ o ‘filósofos de la naturaleza’. En efecto, los presocráticos responden a una misma cuestión: el origen y la constitución del cosmos, de la Naturaleza. Se trataba de averiguar cuál es la ley que rige las cosas, porque el mundo no es un caos, sino un todo ordenado. Los modelos explicativos diferirán unos de otros, pero, en general, todos atienden al mismo problema: ¿cuál es el principio de donde provienen todas las cosas (arché)?. Se trata de preguntar por lo que la physis es, para a continuación explicar también por qué cambia, se transforma, etc. Ellos quieren explicar la realidad buscando el elemento constitutivo último de todos los seres. Y esa explicación ha de ser invariantemente racional, esto es, una explicación por causas o principios. Sin determinar las causas de un fenómeno, éste ni se explica ni puede comprenderse.
Tales de Mileto (640-548/45 a.C.) considero que el principio constitutivo de la realidad, (arche) a partir del cual se habría originado todo, era el agua, y ello por varios motivos: 1) La tierra flota sobre el agua, que es la fuente u origen de todas las cosas, 2) el agua es el alimento de todas las cosas 3) todo animal, todo ser vivo no puede vivir sin agua, 4) el agua posee distintos estados (sólido, gaseoso) y se convierte en otras cosas como la niebla, lluvia…
Anaximandro de Mileto (610-546 a.C.). Fue discípulo de Tales. Se afirma que escribió y que dejó escrito una obra como Sobre la naturaleza. Filosóficamente lo importante es su tesis sobre el arche de lo real, que Anaximandro denominaba "apeiron", lo indefinido, porque no está compuesto de esta o aquella materia, o lo infinito, porque carece de limitaciones espaciales y todo lo ocupa. Para Anaximandro la materia original constitutiva del mundo era indefinida y no se parecía a ninguna clase de materia del mundo ya formado. Sostuvo Anaximandro que el arché de lo real no es algo concreto, como el agua, sino un principio generador de naturaleza del cual nace todo. El origen de la multiplicidad de seres se debe a la separación de elementos, (agua, tierra, aire y fuego) que se origina dentro de ese todo eterno indefinido.
Anaxímenes de Mileto (585-528/24 a.C.). Fue discípulo de Anaximandro. En su intento por explicar el origen de la realidad establece que es el aire el principio de las cosas. Del aire se originó y originará todo, las cosas y seres y los dioses. Está siempre en movimiento, dando lugar según movimientos a los distintos seres. El hombre vive mientras respira y muere cuando deja de respirar. Mediante un proceso de dilatación o de condensación da lugar a todo cuanto existe.
Pitágoras de Samos (580-497/6 a.C.) De las doctrinas de Pitágoras sobresale su orientación religiosa. De Pitágoras mismo se sabe poco, pero sí se tiene constancia de que fundó en Crotona una comunidad religiosa. Además de esta vertiente religiosa del pitagorismo destaca fundamentalmente sus aportaciones científicas, que están basadas en un monismo, en este caso numérico, pues los números son la esencia (arché) de las cosas. A cada cosa, a cada ser, se les puede aplicar un número, y así toda la naturaleza se compone de números. Por tanto, la esencia de las cosas ya no es algo material, sino algo formal, abstracto.
Demócrito de Abdera (460-370 a.C.) Demócrito es contemporáneo y adversario de Platón. Junto a Leucipo son representantes del atomismo. Ambos asumen que el ser ha de ser indiviso (átomos), pero rechazan que haya de ser inmóvil, único. Es decir, conciben el ser como un conjunto infinito en número de átomos invisibles al ojo humano que se mueven en el vacío. La ontología atomista pues consta de dos elementos fundamentales: el ser (conjunto innumerable átomos) y el vacío. De átomos y vacío está compuesto todo. Los cuerpos, todos los entes en general, se originan por adición o separación de átomos. Indicaron que había diferencias entre los átomos, según su forma (proporción), el orden y la posición. Demócrito añadió que los átomos tenían además peso según su tamaño. Con la adición o combinación de estas tres diferencias dadas entre los átomos derivan una infinitud de entes.
Si Tales acudía a la determinación del agua como arché, Anaximandro encontraba la clave en el apeiron, Anaxímenes en el aire, Pitágoras en los números y Demócrito en los átomos,... en todos ellos encontramos una proyección del pensamiento previo ligado íntimamente con el nuevo. La novedad se encuentra en el intento paulatino de encontrar un hilo rector que diese cuenta del principio unificado de la pluralidad y disparidad de las cosas. Así surge la construcción del logos como vehículo de comprensión de la physis, de la realidad. Hallar los constituyentes de la realidad como universales e inteligibles para la razón humana es el punto de partida de la reflexión filosófica en su manifestación más cercana a nosotros.